miércoles, 8 de junio de 2011

Es que empezar diciendo que estoy hecha mierda sería lo correcto, pero no.

Un día como hoy: nublado, hace frío, tengo cigarros, tengo ganas de volar, tengo la intensidad de una tortuga esperando la nada misma, hay dos cosas que se me revuelven cada vez más, el estómago y la lengua.
Dice Claudia que no hay nada mejor que tener ese leve dolor en el estómago y tener esa leve mejoría en la lengua, unas cuantas mentiras difunden el mal humor de la señora demencia, la Violeta cada vez se convierte en una rosa podría, los festejos pasan a ser parte del silencio, la hoja que cae rebota en mi boca, hace que coma, hace que raspe literalmente las pupilas con mis costillas.
Es uno de esos días en que ronda el fantasma, sólo escribe porque no tiene con quién hablar, a quién mirar a la cara? de pronto a la Soledad, esa vieja amiga que siempre está. Pero extrañamente, hoy no es el día de su brutal aparición, tengo miedo, sufro de vértigo continuo.

Tengo mis paredes marcadas por la sangre.

La sangre que al rededor me deja en espasmos la realidad.

La mentira, la única verdad que nos rodea.

Los años, que se pudren junto a mi nombre.

La locura, la demencia, la bipolaridad, la tripolaridad, la ausencia y el caos.

La mañana que llega de noche y se convierte en mi cama. El frío que seca mis nudillos, las manos que aparecen de vez en cuando, y aquí me encuentro yo, dando vueltas como si esperara sólo caer, caer, caer, caer, caer

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