He decidido ocupar todo el espacio que hay entre la normalidad y tú en mi cabeza.
Sé que debería estar pensando diferente, en otras cosas, debería estar leyendo un libro de autoayuda, pero no creo que eso te aleje.
Han pasado tantos años, lejos del sentimiento, lejos de la última palabra. Te invito a pasear por la plaza, a contarnos historias para disimular un beso, a escribir cartas con códigos, a convertir nuestro juego en señales invisibles, o podemos escapar juntos hacia otro lugar más cálido, menos frío. Dónde no hallan ojos revelando lo imposible, lo innegable, lo sólido, lo concreto.
Puedo decir que fue sólo un recuerdo, que eres parte de un pasado especial, pero estaría mintiéndome a mí misma y al resto, podría también escribir nuestra historia en muchas páginas de un libro, pero sólo para leerlo en los momentos de silencios, te robé más de un beso y tú al mismo tiempo me los pedías, no me costó nunca devolverlos, sabía que eran míos, en realidad sólo era parte de la fantasía en la que vivimos mucho tiempo.
Te encuentro ahora, y sé que eres y serás siempre el mismo sentido, el mismo niño ausente.
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