miércoles, 10 de febrero de 2010

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Las palabras más crudas incrustadas en la boca de ella, aquella mujer con piel de niña, dulce, frágil, liviana y hermosa.
caricias repartidas en pedazos de carne cruda, con golpes en la piel, con hambre de cuentos sin fin, con noches vacías y días secos.




Ya su pelo no se desordena, ya su boca está seca, sus manos, húmedas, su voz quebrada, esa mujer la que por un segundo y varios meses le robó todos los suspiros, le robo la identidad, le entrego en un dulce, todo el veneno que tenia.
Esa mujer desconsolada y vacía, sola y triste; esa mujer muerta.
Como explicar las ganas que tiene el viento de soplar, como explicarle a un pedazo de papel, lo tanto que la necesita. más allá de burlas, de castigo y de mentira, más allá de miedos y preocupaciones, de lugares secretos, de lugares escondidos, más allá de ella misma, de la silueta que camina por las noches en su habitación. De pecado, de engaño, de no ser merecida, de no ser correspondida, más allá... hazme algo. dame algo de ti.
Cuatro minutos, tan solo cuatro minutos, para demostrarte lo mucho que te amo, le dijo.
y cuantas horas más, cuantos días, puede que te odie, puede que te ame, puede que te recuerde y te olvide, puede que ya no estés, o quizás, siempre estarás, quisiera olvidarte menciono, quisiera abrazarte y tocarte, besarte. ¿por qué me haces esto?
por qué si yo te amo...
Como quieres que te lo diga, ich liebe dich, ya vas liubliu ?






#Aún pienso en ti, y no puedo arrancarte, aunque quiera.
esto será un secreto, dijo ella, y le respondió: un secreto a voces vacías oscuras y en silencio, un secreto que hasta ni tú misma sabrás, siempre estaré para ti, aunque sea un error, yo estaré en silencio, y el olvido será el mejor recuerdo...


~Violeta.

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